Once Elegias
by Nichita Stănescu (1933-1983)

PRIMERA ELEGÍA

 

Dedicada a Dedalo, fundador

de la famosa estirpe de los artistas,

de los dedalianos

 

           

            I

 

En sí mismo comienza y

en sí mismo termina.

Ninguna aura lo anuncia, ninguna

estela de cometa lo sigue.

 

Nada despunta desde sí hacia fuera

por eso no tiene rostro

ni forma. Podría parecerse

a la esfera,

en plenitud de cuerpo

y delgadez de piel.

Pero tiene aún

menos piel que la esfera.

 

Es el adentro pleno,

y,

aunque no tiene márgenes, está profundamente

limitado.

 

Pero no se le ve.

 

No le sigue la historia

de sus movimientos,

como la huella de las herraduras sigue

fielmente

a los caballos…

 

 

           

 

II

 

Ni siquiera tiene presente,

pero es difícil imaginar

de que manera no lo tiene.

 

Es el adentro pleno,

el interior del punto,

más apretado en sí que el punto mismo.

 

 

 

III

 

No tropieza con nadie

ni se golpea con nada,

ya que no ofrece nada al exterior

con lo que pueda golpearse.

 

 

            IV

 

Aquí duermo yo, envuelto por él.

 

Todo es revés de todo.

Pero él no se le opone, ni

menos aún, lo niega.

 

Dice No sólo aquel

que entiende el Sí.

Pero él, que todo lo conoce,

en el No y en el Sí tiene las hojas arrancadas.

 

Aquí no duermo yo solo,

conmigo duerme toda la hilera de los hombres

cuyos nombres llevo.

 

La hilera de varones me puebla

un hombro, La hilera de mujeres,

el otro.

 

Y ni siquiera caben. Ellos son

 las plumas que no se ven.

 

Bato las alas y duermo –

aquí,

en el interior pleno,

que comienza consigo

y consigo termina,

no anunciado por aura alguna,

no seguido por estela alguna

de cometa.

 

 

 

TERCERA ELEGÍA

                                                                                   

 Contemplación, crisis de tiempo

 Y, una vez más, contemplación.

 

 

I. Contemplación

 

Si despiertas,

he ahí hasta donde se puede llegar,

 

Súbitamente el ojo se vacía por dentro

como un túnel, la mirada

se hace una contigo.

 

He aquí hasta donde puede llegar

La mirada, si se despierta:

 

Súbitamente se vacía,

como un tubo de plomo, por el cual

solo el azul viaja.

 

He aquí hasta donde puede llegar

el azul despierto:

 

Súbitamente se vacía por dentro

como arteria sin sangre,

a través de la cual se ven los paisajes fluyentes

del dormir.

 

 

II.  Crisis de tiempo

 

Oh, breve tristeza, insecto verdoso,

vosotros, blandos huevos, habitando el meollo de un meteoro

roto; y cubiertos por mis manos

a fin de que renazca un decorado completamente otro.

 

Rebosa la habitación por las ventanas

y ya no puedo retenerla más en mis ojos abiertos.

Guerra de ángeles azules con lanzas electrizadas

ocurre en mis iris.

 

Me mezclo con los objetos hasta la sangre,

para detenerlos en su arranque,

pero ellos golpean los alféizares y continúan corriendo hacia

más lejos todavía

hacia otra era.

 

¡Oh, breve tristeza, queda

alrededor una esfera de vacío!

Estoy en su centro, y, uno a uno,

los ojos de la frente, de las sienes, de los dedos,

se me abren

 

 

III. Contemplación

Súbitamente el aire aulla…

hace caer sus pájaros sobre mi espalda

y ellos se me hincan en los hombros, en la espina dorsal,

lo ocupan todo y ya no tienen dónde estar.

En la espalda de los pájaros grandes

se hincan los demás.

Sogas aleteantes los arrastran,

acuáticas plantas.

Tampoco yo puedo permanecer erguido,

sino que, desplomado sobre piedras fluorescentes,

me agarro con los brazos al pilar de un puente

que se arquea sobre aguas que no existen.

Gran río de pájaros hincados

uno en otro por los picos se agita,

desde la espalda se me derrama

hacia un mar helado, no ennegrecido.

Gran río de pájaros muriendo,

sobre el que soltaran sus afiladas naves

los bárbaros, migrando siempre hacia lugares

nórdicos y deshabitados.

 

 

IV. Crisis de tiempo

 

            Como si una tumba estallara

            y fluyera en el gran río

            todo su misterio…

 

            Más aún,

            ella la mirada nos mantiene,

            en un extremo suyo fructificados.

 

            Succiona de nosotros cuanto puede

            como si pretendiera seňalarnos

            los ángeles arbóreos y los de

            otros paisajes.

 

            Los árboles nos ven a nosotros,

            no nosotros a ellos,

 

            Como si una hoja estallara

            y fluyera de ella

            un arroyuelo de ojos verdes.

 

            Estamos fructificados. Pendemos

            del extremo de una mirada

            que nos succiona.

 

 

V. Contemplación

Aparecía fulgurante un mundo

más rápido incluso que el tiempo de la letra A.

Yo sólo sabía esto: que ese mundo existe,

aunque, visto por detrás de las hojas, no se veía.

 

Recaía tan velozmente en el estado de hombre,

que tropezaba contra mi propio cuerpo, dolorosamente,

asombrándome mucho de tenerlo.

 

Estiraba mi alma de una parte y de otra

para llenar los tubos de mis brazos

y el globo de sobre los hombros

y las restantes formas, igual.

 

Así me tensaba para recordar

el mundo que he comprendido fulgurantemente

y que me ha castigado arrojándome en el cuerpo,

este lento hablador.

 

Pero no podía recordar nada.

Sólo esto – que he tocado

Otra cosa, Otra persona, Otro dónde,

que, sabiéndome, me rechazaron.

 

Gravitar de mi corazón,

volviendo a reclamar todos los significados,

siempre hacia atrs. Incluso a ti,

esclavo de los imanes, pensamiento.

 

 

 

                        OCTAVA ELEGIA, LA HIPERBÓREA

 

Ella me dijo entonces, al observar las cosas fijas

de mi constitución:

«Quisiera que huyéramos a Hiperbórea

y parirte vivo

como cierva, sobre la nieve,

mientras corre y aúlla

con largos sonidos colgados de las estrellas de la noche.

 

¡Al frío con nosotros y al hielo!

Desnudare mi cuerpo

y me zambulliré en aguas, con el alma indefensa,

que adopta como límite las criaturas del mar.

 

El océano crecerá, seguro, crecerá

hasta que cada una de sus moléculas

como un ojo de ciervo llegue a ser,

o

aún mucho más grande,

como el cuerpo de una ballena.

 

Me zambulliré en un agua así hinchada,

golpeándome con brownianos paisajes,

en un movimiento de espora, desesperada,

zigzagueare: golpeada

por grandes, oscuras frías moléculas,

las adeptas de Hércules.

 

Sin posibilidad de ahogamiento y sin

posibilidad de marcha ni de vuelo –

solamente zig-zag y zig-zag y zig-zag,

emparentándome con el helecho

a través de un destino de espora…

 

Quisiera que huyéramos a Hiperbórea

y parirte vivo,

bramando, corriendo, hecha pedazos por las aristas afiladas

del cielo violáceo,

sobre el hielo agrietado en icebergs

dispersos bajo un cielo violáceo.»

           

                                                                                                 

Nichita STĂNESCU  

poeta y ensayista

 

obra: “Sentido del amor» (1960); «Una visión de los sentimientos» (1964); «El huevo y la esfera» (1967); «Las no palabras» (1969); «En el dulce estilo clásico» (170); «Claro de corazón» (1973); «Épica Magna» (1979); «Nudos y signos» (1982) (toda en rumano).

Presentacion: Damian Necula

Traducción del rumano: Ioana Zlotescu y Jose Maria Bermejo

ediciones del oriente y del mediterráneo 2000

 

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